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Pistas clandestinas de narcotráfico amenazan a indígenas kakataibo en Perú

Un algoritmo de inteligencia artificial ha identificado seis aeródromos ilegales en la Amazonía peruana, confirmados como infraestructura para el narcotráfico. La invasión de colonos y el abandono estatal han desatado una crisis de violencia y pérdida cultural en el territorio indígena.

Una de las pistas de aterrizaje clandestinas identificadas en el distrito de Codo de Pozuzo.
Una de las pistas de aterrizaje clandestinas identificadas en el distrito de Codo de Pozuzo. / Airbus DS 2024 / Earth Genome / Mongabay Latam

Algoritmo de IA identifica seis pistas clandestinas para narcotráfico en reservas kakataibo

Un algoritmo de inteligencia artificial ha identificado seis pistas de aterrizaje clandestinas en y alrededor de reservas indígenas de la Amazonía peruana. Mongabay Latam y Earth Genome desarrollaron la herramienta, que usa imágenes satelitales. Fuentes oficiales y locales confirmaron que las pistas se usan para descargar envíos de drogas. El territorio se ha vuelto extremadamente peligroso, con seis líderes kakataibo asesinados desde 2020.

La invasión que transforma las comunidades

Grupos de colonos han invadido el territorio kakataibo, trayendo tráfico de drogas, cultivos ilícitos de hoja de coca y tala ilegal. Esta dinámica ha alterado las costumbres en comunidades nativas, donde ahora se celebran concursos de belleza. La llegada de foráneos se evidencia en el ruido de motocicletas, el cambio en los materiales de construcción de las viviendas y la circulación de dinero en efectivo. Los líderes indígenas expresan temor por la pérdida de su cultura y lengua ancestral.

Violencia y amenazas mortales

El miedo es el cambio más notable en la dinámica de las aldeas. Quince líderes indígenas han sido asesinados desde la pandemia en las regiones de Ucayali, Huánuco y Pasco, seis de ellos kakataibo. Uno de ellos fue Mariano Isacama, cuyo cuerpo con signos de tortura fue hallado en julio de 2024. Isacama había recibido amenazas anónimas tras denunciar la presencia de invasores. La Fiscalía investiga el crimen.

Antecedentes: Un pueblo dividido por una carretera

Los kakataibo son un pueblo guerrero que históricamente ha vivido entre las regiones de Loreto, Ucayali y Huánuco, en un vasto territorio dividido en dos por la Carretera Federico Basadre. En el norte conviven con el pueblo shipibo-conibo, y en el sur residen en comunidades nativas. Estos grupos forman un cordón de seguridad alrededor de la Reserva Indígena Kakataibo, donde viven pueblos en aislamiento voluntario y contacto inicial.

La ruta del narcotráfico y los vuelos clandestinos

La coca de este territorio se procesa en pozos de maceración y se envía principalmente a Codo del Pozuzo, en Huánuco. Desde allí, grupos criminales envían los cargamentos en avionetas con rumbo a Bolivia. Las seis pistas clandestinas detectadas tienen entre 350 y 940 metros de longitud. Cuatro de ellas están a menos de medio kilómetro de ríos, una ubicación estratégica para expeditar la carga. 37 hectáreas de coca rodean dos de estos aeródromos ilegales.

Abandono estatal y el negocio real de la droga

Las familias kakataibo carecen de agua potable, internet y, en muchos casos, electricidad. El centro de salud que atendió a adolescentes intoxicados tiene habitaciones clausuradas. El cultivo de coca deja un beneficio mensual de 148 dólares, menos de la mitad de un salario mínimo. El negocio real está en los eslabones siguientes de la cadena. Según datos de la UNODC, una tonelada métrica de hoja procesada y convertida en clorhidrato de cocaína puede generar hasta 61,2 millones de dólares en el mercado final.

La respuesta: Guardias Indígenas y justicia propia

Frente a la amenaza, las comunidades han formado Guardias Indígenas que patrullan el bosque cada 15 días para detectar y destruir cultivos ilícitos y pozos de maceración. Sin embargo, los líderes sienten que el gobierno no actúa. Herlin Odicio, vicepresidente de la Organización Regional AIDESEP Ucayali, advierte: «Vamos a tener que aplicar justicia indígena para protegernos, no nos queda otra opción».

Cierre: Un territorio sitiado y una defensa comunitaria

La situación en el territorio kakataibo evidencia una superposición de crisis: narcotráfico, deforestación, abandono estatal y violencia. Mientras el Estado no aprueba las solicitudes de expansión territorial de las comunidades, sí otorga licencias de tala en esas mismas áreas, facilitando la invasión. Las comunidades, atrapadas entre la violencia de los grupos criminales y la inacción oficial, asumen la defensa de sus tierras y de los pueblos en aislamiento, asumiendo un coste mortal. La identificación de las pistas mediante IA confirma la infraestructura del narcotráfico, pero la solución requiere una respuesta integral y efectiva de las autoridades.

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