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Pistas de aterrizaje clandestinas amenazan a comunidades indígenas en Ucayali

Una investigación de Mongabay Latam revela 45 pistas de aterrizaje ilegales en Ucayali, Perú. Treinta y una se concentran en Atalaya y afectan a comunidades Asháninka, con un aumento de la violencia y asesinatos de líderes indígenas desde 2015.

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Imagen sin título / Autor no disponible / Mongabay Latam

45 pistas de aterrizaje clandestinas operan en la Amazonía peruana

Mongabay Latam identificó 45 pistas clandestinas en Ucayali, Perú. Treinta y una se ubican en la provincia de Atalaya y 26 afectan a comunidades indígenas. La violencia contra líderes indígenas ha aumentado desde 2015.

Impacto en comunidades indígenas de Atalaya

Las pistas se concentran en los distritos de Raymondi (17), Sepahua (6), Yurúa y Tahuanía (4 cada uno). Dieciocho están dentro de territorios indígenas y 19 cerca de ellos. Las comunidades Asháninka, Ashéninka, Yine y Shipibo son las más afectadas.

Violencia y asesinatos de líderes

ORAU registró 35 asesinatos de líderes indígenas desde 2013 en Perú. Al menos 10 ocurrieron en Ucayali. Veintiocho defensores ambientales han sufrido amenazas de muerte. Mariano Isacama Feliciano, líder de Puerto Azul, desapareció en junio y fue hallado muerto 23 días después.

Cómo opera el narcotráfico en la región

Las aeronaves Cessna con bandera boliviana recogen cargamentos de 300-350 kg de cocaína. El destino principal es el departamento de Beni (Bolivia) y luego Brasil. El alquiler de una pista cuesta entre 10.000 y 20.000 dólares. Una organización puede transportar hasta 1.200 kg de cocaína al día.

Rutas y conexión con el VRAEM

El 90% de la droga producida en el VRAEM sale por vía aérea. Las pistas de Atalaya están conectadas por rutas fluviales. Diez pistas están a menos de 2 km de los ríos Urubamba y Ucayali. La deforestación relacionada con el narcotráfico representa el 45% de la pérdida anual de bosque en Ucayali.

Antecedentes: el desplazamiento del narcotráfico

Desde 2015, las operaciones antidroga en el VRAEM destruían entre tres y cuatro pistas diarias. Esto provocó que el narcotráfico se desplazara a Ciudad Constitución, Codo del Pozuzo y finalmente Atalaya. La superficie de coca en Ucayali creció hasta 13.054 hectáreas en tierras indígenas.

Implicaciones para la seguridad y el medio ambiente

La falta de presencia estatal permite que el narcotráfico opere con impunidad. Las pistas se reactivan cíclicamente: la policía destruye la misma pista hasta seis veces. Las comunidades indígenas forman comités de autodefensa y patrullas. La tala ilegal y la deforestación avanzan en concesiones forestales como Ucayali Wood, donde una quinta parte de 9.000 hectáreas ha sido deforestada para cultivar coca.

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