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Brasil avanza con la polémica repavimentación de la carretera BR-319 en el Amazonas

El gobierno de Lula impulsa la pavimentación de la carretera BR-319, un proyecto de 885 km en la Amazonía. Políticos defienden el desarrollo, mientras científicos alertan de deforestación masiva y un posible punto de no retorno para la selva.

Imagen de la carretera BR-319 en el Amazonas, cortesía del DNIT.
Imagen de la carretera BR-319 en el Amazonas, cortesía del DNIT. / Autor no disponible / Mongabay

Gobierno de Brasil avanza con la polémica carretera BR-319 en la Amazonía

El presidente Lula ha impulsado un acuerdo definitivo para renovar la carretera BR-319. Este proyecto de 885 kilómetros conecta Manaus con Porto Velho y atraviesa una de las áreas mejor conservadas de la selva. Su pavimentación, defendida por políticos locales para el desarrollo, genera alertas por deforestación.

Un acuerdo político allana el camino

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aseguró en septiembre que se alcanzaría un “acuerdo definitivo” dentro de su gabinete para impulsar la obra. Lula afirmó que la carretera se construirá “en acuerdo con ambientalistas”. Esta postura marca un respaldo político directo al proyecto.

La reforma que acelera el proceso

En julio, el Congreso aprobó una reforma de licenciamiento ambiental. Esta norma, llamada “Ley de la Devastación” por los activistas, permite que proyectos “estratégicos” omitan evaluaciones ambientales completas si la aprobación tarda más de un año. La decisión final recae en un consejo designado políticamente.

Las advertencias científicas y el “efecto espina de pescado”

Científicos y ambientalistas advierten que la carretera generará un “efecto espina de pescado”. Este fenómeno consiste en la apertura de caminos ilegales laterales que facilitan el acceso a madereros, acaparadores de tierras y ganaderos. Un informe oficial identificó 26 accesos ilegales en la vía. Se alerta de que la deforestación resultante podría llevar a la Amazonía a un punto de no retorno, transformándola en una sabana.

Los actores en conflicto

Los políticos regionales argumentan que la carretera, intransitable en épocas de lluvia, reconectará el estado de Amazonas con el resto de Brasil. Frente a ellos, ambientalistas y comunidades indígenas señalan el riesgo para 69 territorios indígenas y 41 unidades de conservación.

Marina Silva y la estrategia del control de daños

La ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, ha adoptado una postura conciliadora. Ante la presión política, ha pasado de una posición escéptica a promover una evaluación ambiental estratégica conjunta. Su objetivo declarado es “no autorizar el proyecto incondicionalmente” sino negociar salvaguardas para evitar el patrón destructivo de proyectos pasados.

El pragmatismo político

Analistas como Paulo Busse, abogado del Observatorio del Clima, interpretan que Silva actúa por pragmatismo político, al ver que no podía detener el proyecto. Su apuesta es garantizar la máxima cautela. Sin embargo, Busse subraya la dificultad de aplicar salvaguardas en una región con “ausencia del Estado” y altos índices de ilegalidad.

Antecedentes: Una carretera en el corazón de la selva

La BR-319 es una carretera de 885 kilómetros entre Manaus y Porto Velho, en Brasil. Lleva décadas en mal estado y es intransitable en la estación de lluvias. Su renovación es uno de los proyectos de infraestructura más controvertidos en la Amazonía, ya que atraviesa una de las áreas mejor conservadas del bosque.

Cierre: Una encrucijada con repercusiones globales

El avance de la BR-319 coloca al gobierno brasileño en una encrucijada entre el desarrollo regional y la preservación ambiental. La repercusión es tanto local, por el impacto en comunidades indígenas y biodiversidad, como global, por el papel de la Amazonía en el clima. El proceso se desarrolla mientras Brasil se prepara para ser anfitrión de la COP30, donde el gobierno podría presentar la evaluación ambiental estratégica como un modelo de conciliación.

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