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Albert Speer, el arquitecto de Hitler, evadió la pena de muerte en Nuremberg

Albert Speer, arquitecto de Hitler y ministro de Armamento, fue el único condenado en los Juicios de Núremberg que evitó la ejecución. Su estrategia de aceptar responsabilidad colectiva, pero negar conocimiento directo de atrocidades, le permitió cumplir 20 años de prisión.

Albert Speer en una entrevista tras su liberación de la prisión de Spandau.
Albert Speer en una entrevista tras su liberación de la prisión de Spandau. / Alamy / BBC

Albert Speer evitó la horca en los juicios de Núremberg

Albert Speer fue el único condenado en Núremberg que evitó la ejecución. El arquitecto de Hitler y ministro de Armamento aceptó la responsabilidad colectiva, pero se distanció de las atrocidades nazis. Su estrategia de defensa y su posterior imagen pública como el ‘nazi bueno’ marcaron su vida tras cumplir 20 años de prisión.

La estrategia de supervivencia de un condenado

En el primer tribunal internacional de crímenes de guerra, celebrado en Núremberg en octubre de 1946, diez altos cargos nazis fueron ahorcados. Albert Speer, sin embargo, salvó su vida. Su estrategia fue admitir la responsabilidad colectiva de los acusados, pero negar su conocimiento directo sobre los crímenes más atroces, como el genocidio. Esta postura contrastó con la de otros jerarcas, como Hermann Goering, quien se mostró insolente.

El ascenso de un tecnócrata

Speer se unió al Partido Nazi en 1931. Hitler, que se veía a sí mismo como un artista, encontró en el joven arquitecto un alter ego. Speer diseñó espectáculos de propaganda, como la Catedral de Luz con cientos de reflectores. Robert Hughes lo describió como “el arquitecto más poderoso que ha existido” durante su apogeo.

El poder y los crímenes en el Tercer Reich

Como ministro de Armamento desde 1942, Speer usó su extraordinaria capacidad organizativa para alimentar la maquinaria de guerra nazi. Para ello, empleó a más de siete millones de trabajadores forzados. En los juicios, culpó a su antiguo subordinado, Fritz Sauckel, quien fue ejecutado. El fiscal estadounidense Robert Jackson tachó a Sauckel de “el mayor y más cruel esclavista desde los faraones”.

Una liberación y una imagen cuidadosamente construida

Tras salir de la prisión de Spandau en 1966, Speer se convirtió en una figura mediática. Sus memorias, ‘Inside the Third Reich’, fueron un bestseller que cimentó su reputación de ‘nazi bueno’. Sin embargo, historiadores como Heike Görtemaker señalan que llevaba una doble vida, ocultando una relación secreta hasta su muerte.

Las dudas sobre su supuesto desconocimiento

Speer afirmó que solo supo del exterminio masivo de judíos durante el juicio. No obstante, pruebas posteriores indican que pudo conocerlo antes. El historiador Erich Goldhagen descubrió que Speer asistió a una conferencia en 1943 donde Himmler habló abiertamente del exterminio. Gitta Sereny, su biógrafa, afirmó que, estuviera o no presente, “a partir de entonces, lo sabía”.

Un legado arquitectónico y moral en ruinas

La mayoría de sus edificios para el Reich milenario fueron destruidos. Su construcción inacabada en Núremberg alberga ahora una exposición como advertencia histórica. Speer nunca admitió plenamente su papel en la construcción de un régimen criminal, dejando un legado de culpa evadida y manipulación histórica.

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