Metadiario experimental

Laura Bates denuncia que la IA es la nueva frontera de opresión contra las mujer

Laura Bates denuncia en «The New Age of Sexism» cómo la inteligencia artificial facilita la creación de pornografía falsa y deepfakes, intensificando el abuso digital contra mujeres y niñas a escala global con graves consecuencias.

Laura Bates, escritora y fundadora de Everyday Sexism
Laura Bates, escritora y fundadora de Everyday Sexism / Matthew Horwood; Getty Images / WIRED

Laura Bates alerta sobre la opresión femenina mediante IA

Cualquier persona con acceso a internet puede crear imágenes pornográficas falsas de mujeres. La autora feminista publica «The New Age of Sexism», donde analiza cómo la inteligencia artificial reinventa la misoginia.

La nueva frontera del abuso

Laura Bates, fundadora de The Everyday Sexism Project, documenta en su nuevo libro cómo tecnologías como sexbots, asistentes virtuales y deepfakes intensifican el control patriarcal. La IA reduce las barreras de acceso a formas de violencia de género, permitiendo que incluso menores creen contenido abusivo de compañeras de clase.

Victimización a escala global

Cualquier mujer o niña con imágenes en internet es vulnerable. Bates, víctima de pornografía deepfake, señala que estos sistemas reflejan los sesgos de sus creadores y amplifican formas históricas de misoginia. El abuso digital se extiende desde escuelas hasta relaciones personales.

Impacto en menores y regulación

Los chicos adolescentes personalizan novias virtuales que normalizan la sumisión y violencia sexual. Bates critica la falta de regulación efectiva y señala que Estados Unidos y Reino Unido se resisten a implementar salvaguardas, priorizando beneficios económicos sobre la seguridad.

Consecuencias ambientales y laborales

La huella ambiental de la IA afecta primero a mujeres, quienes también sufren explotación en trabajos de etiquetado de datos. Bates conecta el coste planetario con los sistemas de opresión femenina.

Llamada a la acción regulatoria

La autora exige marcos legales globales para controlar la IA. Argumenta que las empresas tecnológicas tienen recursos para garantizar seguridad pero eligen no hacerlo. Advierte que sin regulación urgente, estos sistemas consolidarán nuevas formas de discriminación.

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