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Residuos electrónicos invisibles envenenan países en desarrollo

Los residuos electrónicos, que alcanzaron 62 millones de toneladas en 2022, son la basura doméstica de mayor crecimiento. La crisis se agrava por los desechos «invisibles» como vapes o juguetes con chips, que suponen 9.000 millones de kilos anuales y suelen acabar en vertederos comunes.

Un niño trabaja recolectando residuos electrónicos en el vertedero de Agbogbloshie, Ghana.
Un niño trabaja recolectando residuos electrónicos en el vertedero de Agbogbloshie, Ghana. / Autor no disponible / Mongabay

Los residuos electrónicos invisibles agravan la crisis global de desechos tóxicos

62 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en 2022. Este tipo de basura, la doméstica de mayor crecimiento, es altamente tóxica y su gestión inadecuada en países en desarrollo envenena a personas y medio ambiente.

Un problema en expansión: la basura ‘invisible’

La crisis se ve exacerbada por los residuos electrónicos «invisibles»: productos con microchips como vapes, juguetes, tarjetas de felicitación digitales o ropa con LED. Según el Foro WEEE, esta categoría supone 9.000 millones de kilos anuales, una sexta parte del total mundial. Muchos de estos artículos no son identificados como desechos electrónicos y acaban en vertederos comunes.

El destino tóxico de los desechos

Gran parte de estos residuos, generados en países ricos, termina en naciones pobres de África y Asia. Al carecer de infraestructura adecuada, el reciclaje es informal y peligroso. Trabajadores, incluidos niños, queman cables o usan ácidos para extraer metales, liberando toxinas como plomo o mercurio al aire, suelo y agua. La OMS alerta de que más de 18 millones de niños están expuestos a estos tóxicos.

Antecedentes: De Silicon Valley a los vertederos globales

La industria tecnológica, pese a su imagen limpia, genera contaminación desde sus inicios. Hoy, el modelo económico lineal y la obsolescencia programada alimentan un flujo constante de desechos. La Convención de Basilea, que regula el movimiento transfronterizo de residuos peligrosos, tiene una aplicación limitada, lo que facilita el tráfico ilegal hacia países con legislación laxa.

Cierre: Las repercusiones de un ciclo tóxico

Las implicaciones son globales. Las toxinas de vertederos como Agbogbloshie en Ghana pueden volver a Europa a través del viento o la cadena alimentaria marina, contaminando peces que luego se consumen. Con una previsión de 82 millones de toneladas de residuos electrónicos para 2030, y solo un 22% reciclado de forma documentada en 2022, la ONU advierte de un «desafío ambiental de dimensiones enormes».

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