Zúñiga celebra desde la cárcel la detención de su exministro Eduardo Del Castillo
El excomandante Juan José Zúñiga envió una carta desde la cárcel de El Abra celebrando la detención del exministro Eduardo Del Castillo. Lo acusa de usar instituciones del Estado para una «venganza política» y de ser símbolo del abuso de poder.
Zúñiga celebra desde prisión la detención del exministro Del Castillo
El excomandante del Ejército Juan José Zúñiga envió una carta desde la cárcel de El Abra. En ella, expresa su alegría por la detención del exministro de Gobierno Eduardo Del Castillo. Zúñiga lo acusa de usar instituciones del Estado para una «venganza política». La carta está fechada el 30 de diciembre de 2025.
Una bienvenida a las cárceles del pueblo
El exgeneral dio la «bienvenida a las cárceles del pueblo» a Del Castillo, tal como hizo previamente con Luis Arce. Señaló que el exministro «hizo llorar hogares enteros» y despojó de trabajo y dignidad a militares. Afirmó que su detención hace que empiece a sentir lo que sintieron «cientos de familias».
Acusaciones de abuso de poder
Zúñiga identifica a Del Castillo como símbolo del «abuso de poder». Lo acusa de utilizar policías, fiscales y jueces como instrumentos de venganza política. Hace referencia al incidente del 26 de junio de 2024, cuando Del Castillo golpeó su vehículo blindado gritando «Zúñiga, bajá».
El relato desde la celda del soldado
Zúñiga escribe como «preso político del régimen de Luis Arce Catacora». Afirma que una élite política corrupta «saqueó» recursos y «empobreció» al pueblo. Denuncia que se fabricaron delitos y se violó el debido proceso para llenar las cárceles de «bolivianos dignos».
La situación de otros detenidos
El excomandante afirma que no está solo y que hay «cientos de presos políticos». Señala que, desde la sombra, figuras como el Gral. Pol. Jhonny Aguilera continúan manejando a fiscales y jueces para prolongar los encierros y sostener una «falsa narrativa de golpe de estado».
Un llamado final a la justicia
Zúñiga celebra la caída de «otro verdugo» pero exige que rindan cuentas ante la justicia todos los implicados. Entre ellos, menciona a Marianela Prada, Edmundo Novillo y Hugo Moldiz. Concluye que «la verdad puede tardar, pero avanza» y que la dignidad del soldado permanece.