Dinamarca y Portugal suprimen festivos para financiar defensa y austeridad
El gobierno danés eliminó en 2024 el Gran Día de Oración, un festivo con 340 años, para destinar unos 400 millones de euros anuales en impuestos al presupuesto militar. Esta medida, similar a la tomada por Portugal en 2012, reabre el debate sobre el impacto económico de los días no laborables.
Dinamarca suprime festivo histórico para financiar gasto militar
La eliminación del festivo genera unos 400 millones de euros anuales en impuestos. El Gobierno danés suprimió en 2024 el Gran Día de Oración, una festividad con 340 años, para aumentar el presupuesto de defensa. Portugal tomó una medida similar durante la crisis de 2012.
El precio económico de un día no laborable
Un estudio citado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que cada festivo reduce la producción anual en torno a un 0,08%. En una economía como la alemana, eso supone unos 3.400 millones de euros por día. El impacto es mayor en la industria manufacturera, mientras que sectores como la minería se ven menos afectados.
La brecha de festivos en la Unión Europea
El número de días festivos varía entre los estados miembros. Lituania y Chipre tienen 15, mientras Alemania cuenta con 9 festivos nacionales. La media continental se sitúa en 11,7 días. Esta diferencia tiene consecuencias en el Producto Interior Bruto (PIB).
El contraargumento: descanso y productividad
Los economistas advierten de que la relación entre horas y producción no es lineal. Una plantilla descansada puede mantener una productividad horaria más alta. Los estudios también asocian más festivos con menos accidentes laborales y mayor felicidad declarada.
Antecedentes de supresión de festivos
Dinamarca eliminó el Store Bededag en 2024 para financiar defensa. Portugal suprimió cuatro festivos en 2012, dos civiles y dos religiosos, dentro de su programa de austeridad, aunque los restableció en 2016.
Implicaciones de la política de festivos
La decisión de mantener o eliminar días festivos implica un balance entre ingresos fiscales y bienestar social. Los gobiernos evalúan el coste económico directo frente a los beneficios en productividad y cohesión social. Ningún país europeo plantea eliminar por completo los días festivos.