Embajada de Rusia rechaza vínculos con red de desinformación en Bolivia
La Embajada de Rusia en Bolivia rechaza su vinculación con la supuesta red de desinformación ‘la Compañía’, señalada por una investigación internacional. Califican las acusaciones de infundadas y reafirman su política de no injerencia.
Embajada de Rusia rechaza vínculos con red de desinformación en Bolivia
La Embajada de Rusia en Bolivia negó categóricamente su vinculación con una supuesta red de desinformación. La investigación internacional de Forbidden Stories señala que una estructura, «la Compañía», operó en varios países entre 2023 y 2024 para influir en la opinión pública.
Una investigación internacional desata las negaciones
La investigación, impulsada por Forbidden Stories, apunta a una presunta operación con respaldo financiero y vínculos con el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR). Según el reporte, en Bolivia los agentes habrían intentado incidir en la percepción pública tras denuncias de un supuesto autogolpe, buscando reducir el impacto de la crisis política.
La postura oficial rusa: rechazo y principios
La legación diplomática rusa calificó las acusaciones de “insinuaciones infundadas”. En un comunicado, afirmó que dichas afirmaciones “no aportan pruebas ni hechos” y remarcó que su política exterior se basa en el respeto a la soberanía y la no injerencia en asuntos internos.
Repercusión política dentro y fuera de Bolivia
En el ámbito nacional, el senador Manuel Ormachea acusó a Rusia de operar en coordinación con el Movimiento Al Socialismo (MAS). La investigación también menciona a otros países, como Argentina, donde el presidente Javier Milei afirmó que se avanzará para identificar a todos los involucrados.
Antecedentes de la acusación
El reporte señala que una estructura denominada “la Compañía” habría operado en varios países, incluido Bolivia, entre 2023 y 2024, con el objetivo de influir en la opinión pública y favorecer al gobierno de Luis Arce.
Cierre: Una disputa con implicaciones diplomáticas
La situación enfrenta las conclusiones de una investigación periodística internacional con la negación oficial de un gobierno extranjero. El caso sitúa a Bolivia en el centro de una disputa sobre desinformación con posibles repercusiones en sus relaciones bilaterales y en el escenario político interno.