La IA obliga a los bancos centrales a replantearse la inflación y los tipos de interés
La inteligencia artificial fuerza a bancos centrales como el BCE y la Fed a revisar sus modelos económicos. El BCE ya usa machine learning, mientras la Fed debate si la IA es un shock de oferta desinflacionista o un riesgo inflacionista por la demanda energética.
La IA obliga a los bancos centrales a replantearse la inflación
La inteligencia artificial tiene un peso suficiente como para obligar a replantearse cómo funciona la economía, según el artículo publicado el 29 de abril de 2026. Los bancos centrales han pasado de ver la IA como una fuerza de largo plazo a considerarla un cambio estructural comparable a la electrificación o internet, que redefine la inflación y los tipos de interés.
El BCE y el Bundesbank ya usan modelos de IA
El Banco Central Europeo (BCE) ha sido el primero en pasar a la práctica. Desde finales de 2022, un modelo de aprendizaje automático forma parte de su conjunto de herramientas para preparar las decisiones del Consejo de Gobierno. El modelo se nutre de unas sesenta variables y se actualiza varias veces en cada trimestre. En el segundo y cuarto trimestre de 2025, el modelo señaló riesgos al alza para la inflación subyacente que después se materializaron, con lecturas finales en torno a 20 puntos básicos por encima de las previsiones oficiales del Eurosistema.
El Bundesbank y su asistente MILA
El Bundesbank ya utiliza una amplia gama de aplicaciones de IA, como asistentes inteligentes basados en texto y un modelo denominado MILA que evalúa las comunicaciones de los bancos centrales del área del euro. Su presidente, Joachim Nagel, afirmó que usan la IA para cumplir su mandato lo mejor posible.
La Fed debate el impacto de la IA en la productividad
En la Reserva Federal (Fed) el giro ha sido más conceptual que operativo. El gobernador Christopher Waller afirmó que la IA se adopta más rápido que internet y que la productividad es clave: un crecimiento sostenido por encima del dos por ciento tendería a respaldar el aumento de las rentas reales sin generar presiones inflacionistas. El vicepresidente Philip Jefferson subrayó el efecto ambivalente de la IA: podría reducir costes por productividad, pero también presionar los precios al alza por la demanda de centros de datos y recursos como la energía.
La advertencia de Kevin Warsh
Kevin Warsh, propuesto por Donald Trump para presidir la Fed, describió el boom de la IA como la oleada que más ha impulsado la productividad en toda su vida, comparándolo con finales de los años 90. Sin embargo, advirtió que los responsables de política económica aún no pueden apoyarse en esas ganancias de productividad y que la Fed puede verse obligada a replantearse sus modelos.
Wall Street se divide entre dos apuestas
Los gestores de activos y los bancos de inversión ya incorporan la IA a sus previsiones. Los optimistas de la desinflación ven la IA como un shock de oferta positivo que reduciría los precios y los tipos. Mike Hunstad, de Northern Trust, afirmó que la IA podría ser más eficaz que cualquier banco central del mundo para hacer el trabajo desinflacionista.
Los halcones de la inversión alertan de la inflación
Los halcones de la inversión sostienen que el ciclo inversor de la IA elevará los precios de la electricidad y las rentabilidades antes de que lleguen las ganancias de productividad. Oxford Economics defendió que recortar los tipos de forma preventiva sería un error. Goldman Sachs prevé que la inflación de la electricidad en Estados Unidos sume 0,2 puntos porcentuales a la inflación general en 2026 y 0,15 puntos en 2027, impulsada por los centros de datos, que representarán el 40 % del aumento de la demanda energética.
Consenso sobre el impacto, división sobre el calendario
Existe un amplio consenso en que la IA tiene un tamaño suficiente como para obligar a los bancos centrales a replantearse la economía. Lo que sigue sin resolverse es la secuencia: si las ganancias de productividad llegan primero, los tipos podrían bajar sin reavivar la inflación; si el boom de inversión se impone antes, quienes relajen la política demasiado pronto pueden verse obligados a dar marcha atrás. Esto marca una ruptura con la situación de hace solo unos años, cuando la inteligencia artificial apenas aparecía en los discursos de los bancos centrales.