La controversia sobre «Les Demoiselles d’Avignon» de Picasso resurge en el Musée Picasso
El Museo Picasso de París expone una reinterpretación de Henry Taylor que cuestiona la influencia africana en la obra de Picasso, confrontando el original de 1907 con su versión de 2007.
Picasso y Taylor confrontan el legado de «Les Demoiselles d’Avignon»
El Museo Picasso de París expone una reinterpretación de Henry Taylor que cuestiona la influencia africana en la obra de Picasso. La muestra confronta el cuadro original de 1907 con la versión de Taylor, que modifica el color de las figuras y añade referencias a la identidad negra.
Reacción inicial de asco y rechazo total
En 1907, Picasso mostró Les Demoiselles d’Avignon a un círculo de artistas. La reacción fue «shock, horror y disgusto«. Georges Braque comparó verlo con beber petróleo y Henri Matisse calificó a las mujeres de «hideous». El cuadro no se exhibió públicamente hasta 1916.
Claves del cambio artístico
La obra marcó un giro en la carrera de Picasso hacia la fragmentación de formas. Joanne Snrech, comisaria del museo, afirma que «Picasso se alejó de la pintura figurativa emocional» para repensar el espacio y los cuerpos. Este cambio fue fundamental para el desarrollo del cubismo.
Influencia africana minimizada por el autor
Picasso visitó el Museo de Etnografía del Trocadero meses antes de crear el cuadro, inspirado por una figurilla congoleña comprada por Matisse en 1906. Sin embargo, en 1920 declaró a un crítico que «nunca había oído hablar» del arte africano. Esto ha provocado acusaciones de apropiación cultural.
Revisión contemporánea de Henry Taylor
Taylor reimaginó el cuadro en 2007 con figuras negras, titulándolo From Congo to the Capital and Black Again. La comisaria Snrech señala que «Taylor no solo referencia a Picasso, lo cuestiona y reinterpreta«. Su versión muestra cuerpos menos fragmentados e incluye un brazo blanco que toca a una figura femenina.
Legado y evolución de la controversia
Tras el rechazo inicial, la obra fue adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1939 como pieza canónica. Snrech concluye que la exposición «plantea preguntas sobre el poder, la influencia y qué historias se cuentan«, demostrando que la pintura sigue siendo polémica un siglo después.