El boicot a Israel en Eurovisión 2026 amenaza el futuro del festival
Cinco televisiones públicas abandonan Eurovisión 2026 tras la polémica de 2025. La UER limita los votos y advierte a Israel por campañas de promoción desproporcionadas, en el mayor boicot del certamen.
El boicot a Israel por la guerra en Gaza amenaza el futuro de Eurovisión
Cinco televisiones públicas han abandonado el festival de 2026, lo que supone el mayor boicot en 70 años de historia del certamen. La decisión se produce tras la polémica del año anterior, cuando la representante israelí quedó segunda en la votación del público.
La tensión estalla en la final de 2025
Tras la victoria de Austria en la final de 2025, el comentarista británico Graham Norton afirmó que los organizadores «respiraron aliviados al no tener que organizar una final en Tel Aviv». La gala, celebrada en Basilea, Suiza, estuvo marcada por protestas contra Israel. Manifestantes portaron banderas palestinas y se untaron con sangre falsa. Durante la actuación de la cantante israelí Yuval Raphael, dos personas intentaron asaltar el escenario y lanzaron pintura que alcanzó a un miembro del equipo.
Un resultado controvertido
A pesar de la tensión, Raphael obtuvo la puntuación más alta del público, superando al resto de participantes. Varias televisiones cuestionaron el resultado al detectar que cuentas oficiales del gobierno israelí, incluida la del primer ministro Benjamín Netanyahu, pidieron el voto para su representante las 20 veces permitidas. La UER (Unión Europea de Radiodifusión) verificó el resultado y lo declaró válido, aunque la televisión pública flamenca VRT solicitó una auditoría para garantizar un «reflejo justo de la opinión de los espectadores».
El mayor boicot de la historia
Para la edición de 2026 en Viena, las televisiones públicas de España, Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia se han retirado del certamen. Las razones varían: algunas citan la ofensiva militar en Gaza, que ha causado más de 72.000 muertos según el Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás. Otras acusan al gobierno israelí de genocidio, algo que Israel niega. La mayoría de las televisiones boicoteadoras proceden de países cuyos gobiernos han criticado duramente a Israel. El ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, calificó el boicot de «vergonzoso e hipócrita».
¿Participación de países en guerra?
La presidenta de la televisión eslovena RTV, Natalija Gorščak, afirmó que la canción y la artista israelí eran «simbólicas» y «políticas», aunque la UER las considerara ajustadas a las normas. Gorščak aboga por que ningún país en guerra pueda participar, incluida Ucrania. El presidente de RTVE, José Pablo López, pidió en el Parlamento español una reforma de los estatutos de la UER para que los países en conflicto no puedan concursar.
La respuesta de la UER
La UER ha reducido el máximo de votos por espectador a 10 y ha advertido que desaconsejará las «campañas de promoción desproporcionadas», especialmente las de gobiernos. El fin de semana previo al festival, la UER emitió una advertencia formal a la televisión israelí Kan por publicar vídeos que incitaban a votar 10 veces por la nueva representante, Noam Bettan. La UER consideró que esas publicaciones no estaban «en el espíritu de la competición».
Un conflicto con raíces previas
Parte de la tensión se remonta a la expulsión de Rusia en 2022 tras la invasión de Ucrania, cuando la UER consideró que una participación rusa «desprestigiaría la competición». La victoria de Ucrania ese año, con el grupo Kalush Orchestra, fue vista por algunos como un acto de solidaridad política que, según Gorščak, «socavó la pureza de Eurovisión como concurso de canciones».
El dilema del certamen
La UER defiende que el festival ha sido durante 70 años una «plataforma para la paz y la unidad». Sin embargo, las televisiones boicoteadoras y otras que aún participan consideran que «un país en conflicto crea uno mayor para el concurso». Fuentes internas señalan que resulta cada vez más difícil encontrar artistas dispuestos a participar por el temor al daño reputacional. La pregunta es si Eurovisión puede seguir siendo un concurso musical por encima de la política o si la geopolítica lo transformará definitivamente.