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Maricruz Ribera relata su exilio y su nueva vida en La Paz junto a Luis Revilla

La exreina cruceña Maricruz Ribera vivió cuatro años de exilio en Brasil por violencia política. En entrevista, narra cómo se reconstruyó con su familia y su actual labor social en la Gobernación de La Paz.

Maricruz Ribera en su domicilio en la zona sur de La Paz
Maricruz Ribera en su domicilio en la zona sur de La Paz / Autor no disponible / EL DEBER

Maricruz Ribera relata su exilio y reinicio en La Paz

La exreina cruceña vivió cuatro años de exilio en Brasil tras sufrir violencia política. En entrevista con EL DEBER, narra cómo su familia se reconstruyó y su actual trabajo social desde la Gobernación de La Paz.

El exilio forzado por la violencia política

Maricruz Ribera, su esposo Luis Revilla y sus hijas abandonaron Bolivia durante cuatro años dejando atrás su casa, bienes y rutina. En Brasil aprendieron a vivir con lo básico. “Aprendimos a vivir con lo básico”, afirma. Él trabajó en proyectos de construcción; ella fue madre de tiempo completo. No hubo tiempo para llorar porque tenían dos hijas pequeñas que requerían estabilidad. Una dejó Bolivia con dos años; la otra nació en Brasil. “Lo único importante era que estuviéramos juntos”, recalca. Cada noche rezaban para agradecer tener techo, comida, salud y libertad. “Nuestros enemigos quisieron destruirnos, pero no lo lograron. Nos hicieron más fuertes”, asegura.

La herencia de fortaleza de su padre

Ribera atribuye su fortaleza a su padre, Armando Ribera, fallecido en enero de 2011 cuando el edificio Málaga se derrumbó en Santa Cruz. “Era mi mayor crítico, pero también mi mayor fan”, recuerda. Tras la tragedia sintió que su mundo se derrumbaba y necesitó reinventarse. Aceptó una oferta laboral en La Paz, donde trabajó en televisión e hizo un diplomado en Comunicación.

De Santa Cruz a La Paz: una nueva vida

Hasta la muerte de su padre, Santa Cruz lo era todo para ella: modelaje, televisión, Carnaval, amigos y familia. Fue reina carnavalera por voto popular. “Santa Cruz no son las logias”, dijo entonces. En La Paz conoció a Luis Revilla, entonces alcalde. “Nos enamoramos conversando”, cuenta. Se comprometieron antes de darse un beso porque ya sabían que querían una vida juntos. Lo que más la atrajo fue su claridad: “era un hombre serio, inteligente y sabía lo que quería”. Fueron cautelosos al inicio. Con el tiempo llegaron el matrimonio, las hijas y las dificultades políticas que, afirma, nunca los separaron. “En los momentos más duros nos unimos”.

Recorridos por La Paz y proyectos sociales

Durante la campaña que llevó a Revilla a la Gobernación, Ribera recorrió el departamento con sus hijas. Descubrió una realidad que la conmueve: “Tenemos un departamento maravilloso, pero muy abandonado”. Menciona carreteras peligrosas, hospitales colapsados y centros de salud precarios. Desde su nuevo rol quiere involucrarse en temas sociales, especialmente hogares de acogida y salud. “Me quita el sueño ver a gente haciendo fila desde las cuatro de la mañana para conseguir una ficha”, dice.

Identidad entre dos mundos

Ribera afirma que Santa Cruz sigue siendo su raíz y La Paz el lugar que le abrió los brazos y le regaló una familia. “Nunca voy a dejar de ser cruceña”, afirma. Sonríe y añade: “Pero soy la camba más colla que existe”.

Implicaciones de una vida reconstruida

La historia de Maricruz Ribera muestra cómo la violencia política obligó a una familia al exilio y cómo lograron reintegrarse en un nuevo departamento. Desde la Gobernación de La Paz, busca ahora canalizar su experiencia en proyectos sociales, manteniendo un vínculo afectivo con Santa Cruz.

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