El estudio de la CDC vincula la deforestación con los brotes de ébola
Un estudio de los CDC analizó 24 brotes de ébola entre 2001 y 2022 y descubrió que la pérdida de bosques y la fragmentación del hábitat son factores predictivos clave para detectar zonas de alto riesgo.
La deforestación predice brotes de ébola, según estudio de los CDC
La pérdida y fragmentación de bosques son factores predictivos clave para los brotes de ébola, según un estudio de los CDC que analizó 24 brotes entre 2001 y 2022. El modelo identificó correctamente dos brotes posteriores en la República Democrática del Congo y Uganda.
Modelo predictivo identifica zonas de alto riesgo
Un grupo de investigadores de los CDC utilizó aprendizaje automático para analizar variables como densidad de población y cobertura forestal. Carson Telford, líder de la investigación, explicó a Mongabay que el modelo situó una localidad de la RDC en el 0,1% de las zonas de mayor riesgo meses antes de un brote en 2022. Otro brote en Uganda ocurrió en un distrito identificado en el top 6% de riesgo para ese país.
Factores que aumentan el riesgo de contagio
Según Telford, las zonas remotas con baja densidad de población presentan mayor riesgo de brotes. La pérdida de bosque a escala local, dentro de un radio de 10 kilómetros, también resultó un predictor importante. El modelo identificó el borde entre el bosque y los asentamientos humanos como un área crítica donde aumenta el contacto entre humanos y fauna silvestre.
Comunicación y detección temprana
Telford señaló que el valor del modelo no es predecir brotes exactos, sino señalar regiones para mejorar la comunicación con grupos de riesgo como cazadores o personal médico. Los médicos podrían recibir alertas sobre condiciones ambientales consistentes con mayor riesgo de contagio.
El estudio analizó brotes entre 2001 y 2022
La investigación utilizó datos de 24 brotes de ébola ocurridos entre 2001 y 2022. Los investigadores incorporaron variables climatológicas y de cobertura terrestre a múltiples escalas espaciales, desde 10 hasta 100 kilómetros alrededor de los lugares de contagio. El modelo permitió diferenciar zonas con y sin transmisión del virus.
Posibles mecanismos biológicos aún sin confirmar
Telford planteó hipótesis sobre la relación entre deforestación y brotes. La alteración del hábitat de los murciélagos, considerados reservorios del virus, podría aumentar el estrés inmunológico y la excreción viral. El cambio ambiental podría forzar a los animales a desplazarse o a buscar alimento cerca de asentamientos humanos, incrementando las oportunidades de transmisión a primates y luego a humanos.