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Mujeres del Pantanal sostienen la pesca de lujo con trabajo precario

El 40% de los pescadores profesionales en el Pantanal son mujeres. Recolectan cebo vivo en condiciones precarias, con ingresos de hasta 400 dólares al mes, mientras la industria genera 20 millones anuales.

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Mujeres recolectan cebo para la pesca deportiva en el Pantanal

40% de los pescadores profesionales en el Pantanal son mujeres, según datos gubernamentales. Ellas realizan la mayor parte de la recolección de cebo vivo en el bioma, una labor manual y peligrosa.

Una economía de millones con ingresos mínimos

La pesca deportiva genera unos 20 millones de dólares al año en el Pantanal. Sin embargo, las recolectoras reciben entre 0,50 y 0,70 reales (10-14 céntimos de dólar) por cada pieza de cebo. Hoteles y albergues turísticos revenden ese cebo a los turistas por hasta cuatro veces ese precio, obteniendo un beneficio del 300%.

Jornadas de hasta 12 horas en aguas turbias

Roseli Oliveira, de 48 años, trabaja desde hace 36 años. Se sumerge en aguas oscuras rodeada de caimanes, anacondas y rayas para capturar cangrejos y peces pequeños con redes de mano. No tener cebo significa no tener ingresos, explica. El total mensual de ingresos para ella y sus cuatro hijas, todas recolectoras, oscila entre 1.500 y 2.000 reales (300-400 dólares), por debajo del salario mínimo individual de 1.621 reales.

Condiciones laborales precarias y riesgos sanitarios

Elizete Garcia da Costa Soares, de 61 años, lleva 34 años en el oficio. Afirma que trabajar sin equipo de protección provoca muchas enfermedades ginecológicas, ya que el agua está sucia. Las mujeres son susceptibles a infecciones urinarias y vaginales. André Luiz Siqueira, director de la ONG Ecoa, señala que durante las sequías se acumulan residuos orgánicos que aceleran el crecimiento de algas, hongos y bacterias.

Equipos de protección insuficientes

En 2011, Ecoa encontró un traje impermeable vulcanizado que cuesta 290 reales (58 dólares) cada uno. El Ministerio Público del Trabajo de Mato Grosso do Sul financia la compra con ingresos de multas laborales. Sin embargo, la vida útil del traje es de un año como máximo. Soares no ha recibido uno nuevo en dos años y tuvo que comprarlo con sus ahorros.

Veda sin compensación económica

Entre noviembre y febrero, la veda prohíbe la pesca para permitir la reproducción de las especies. Las recolectoras deberían recibir un seguro de desempleo equivalente a un salario mínimo mensual. A principios de febrero de 2026, nadie había cobrado aún. Soares afirma que «nadie ha recibido el pago hasta ahora». Un decreto de 2025 transfirió la gestión del seguro del Instituto Nacional del Seguro Social (INSS) al Ministerio de Trabajo y Empleo (MTE), lo que provocó retrasos.

El papel histórico de las mujeres en la recolección

La recolección profesional de cebo cobró importancia en el Pantanal en la década de 1980, cuando la región se abrió al turismo. En 2002, el antropólogo Álvaro Banducci concluyó en su tesis doctoral que el 25% de los recolectores eran analfabetos y casi el 60% no había completado la enseñanza primaria. En la actualidad, las mujeres han asumido la recolección y el liderazgo social mientras los hombres trabajan como pilotos de barcos turísticos y gestores de albergues.

Implicaciones de un trabajo invisible pero esencial

Las recolectoras de cebo siguen siendo invisibles para la industria que sustentan. La Asociación de Residentes de Porto Esperança, presidida por Ingrid Oliveira, señala que las mujeres trabajan para que sus hijos puedan tener una vida mejor. Cada anzuelo de la pesca deportiva lleva el trabajo de sus manos, pero sin contratos formales ni protección social. La veda sin pago las endeuda y las obliga a trabajar informalmente en otras actividades, lo que las sitúa en la ilegalidad ante el gobierno.

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